Tres razones por las que los jóvenes odian la política

Por Andrea Sambuccetti Infobae.com

Cómo influyen los nuevos valores e ideales, y qué estrategias erróneas se aplican. Del otro lado, posiciones acertadas que buscan captar su interés. Qué se rechaza de la “vieja” política

El sentido común parece indicar que la historia que forjaron malas administraciones de turno, en especial en países como la Argentina, hace que hoy los jóvenes odien la política.

Pero, en el marco del IV Seminario Internacional de Management Político sobre Campañas Electorales, el reconocido analista Jaime Durán Barba, consultor de campañas electorales en América Latina, indicó esta tarde en diálogo con Infobae.com que el rechazo de los jóvenes por la política “no es tanto un problema de historia” sino “un problema del cambio de los seres humanos: hay un ser humano distinto”.

Tras su ponencia, en la que se refirió a la profunda crisis que jaquea a la política, a que los jóvenes llegan a su edad ciudadana sin haber experimentado su socialización política y que esto se suma a una sociedad cada vez más informatizada, entre otros puntos de análisis, sintetizó tres razones que hacen al fenómeno de la desestimación de la juventud por la política:

1) En principio, “ha surgido una nueva etapa con jóvenes que tienen principios diversos de los mayores. Estos giran en torno al placer. Los jóvenes son hedonistas. Y eso no es bueno ni malo. Son elementos descriptivos. No tienen utopías de largo plazo que nos alentaban a quienes ya estamos más viejos. Sino utopías de corto plazo. Tienen sus gustos en la música, en el sexo, en el teatro, su visión de la vida cotidiana”. Es decir, es otro joven, distinto al de tres décadas atrás.

2) Por otra parte, se diferencian de los adultos. Por caso, “hay quienes tienen más de 50 años y tienen dificultades para navegar por internet normalmente cuando hay niños de 11 años que navegan naturalmente porque les parece que internet es parte de la realidad”.

3) Y por último, “todo esto no es comprendido por políticos que se educaron a la sombra de los viejos líderes, de los grandes oradores y con principios de otra época. No creo que ni estos ni los otros principios sean mejores ni peores, pero sí son diversos”.

Para Durán Barba, “muchos de nuestros líderes creyeron cuando fueron niños que llegaron en el pico de la cigüeña y hoy ningún niño cree eso. Hay un libro excepcional que se llama Mapas de la Historia, de David Christian que dice que el cambio de la especie nuestra en los últimos 30 años es superior a la que se dio desde hace 30 años hacia el origen del homo sapiens”

“Hay un cambio que es aún físico: está naciendo una nueva especie y una nueva forma de ver el mundo. Y los más viejos no perciben que eso es así”, puntualizó.

Pero además de la cada vez más informatizada sociedad, se destaca que la misma se halla alejada del molde masculino y adoptando características femeninas.

Para el analista, un eje del cambio del ser humano “se debe en parte a la feminización de la cultura. Occidente es la primera cultura femenina que hay en la historia de la humanidad. Por la importancia que tienen las mujeres en la sociedad y porque transmitieron sus valores las mujeres a la sociedad”. Por tanto, se tiene “una sociedad que es menos delirante que la que es propia de los machos, que es más permisiva, y con mas sentido común, más pragmática: son todos valores femeninos”.

“El hecho de que hombres y mujeres debamos compartir tareas del hogar y crianza de los niños, por ejemplo, nos ha cambiado mucho a los hombres. Pasamos del macho alfa que asusta y muerde al padre bonito que no asuste a los niños”.

Consultado acerca de qué se hace para “captar” el interés del joven, o más bien, a este “nuevo” joven producto también de una sociedad transformada, Durán Barba explicó que lo que hay que hacer es “respetarlo”.

“Hay tres posibilidades. Una errónea es pensar en manipularlos, en ‘les pongo una musiquita de rock y como son idiotas votan por mí’”. Otra errónea es “pensar los convierto y entonces, las mujeres se van a cocinar, no hay relaciones sexuales y la sociedad se vuelve ‘a la antigua’. La tercera es comprenderlos”, dijo.

“Comprender que ellos tienen una visión del mundo distinta: hay que acordarse de cuando uno fue joven. Cuando fui joven fui un muchacho revolucionario. Mi padre decía: ‘el mundo se acaba con estos jóvenes’. Ahora que soy un hombre de edad, no puedo tener la actitud de mis padres con mis hijos. Ellos tienen valores que yo no tuve, ven el mundo de una manera que yo no vi y por eso, debo respetarlos y comprenderlos, aprender de ellos, para así poder construir juntos un mejor mundo futuro”.